INFLUENCIA, LO QUE HE APRENDIDO - PARTE IV (FINAL)

Parte 1
Parte 2
Parte 3

7. HONOR DE AUTOR

Influencia: Efecto, consecuencia o cambio que produce una cosa en otra.

Me guardé para el final de este extenso texto dos autores que para mí, son la misma causa por la cual quería escribir este ensayo. Y por eso este es, de los siete puntos que arman los pedazos de este texto, definitivamente el más importante. Recomiendo prestar atención. Ambos, Yoshihiro Tatsumi y Steve Ditko son para mí los autores definitivos: ya sea porque me fascinan sus historias o sus dibujos o sus técnicas o su mundo; pero muchísimo más importante que todo, su manera de hacer las cosas.


ACTO 1: ¿CUÁNDO SE ÉS AUTOR?

Si releen el texto completo hasta aquí notaran, que la palabra “autor” está presente en casi todos los puntos referentes a algún dibujante o guionista, pero por sobre todo es una expresión que utilizo mayoritariamente para referirme a el trabajador “completo”, al que oficia en todos los eslabones de su obra. Pero en realidad es una cuestión que me inquietaba mucho (y aún me genera algunas dudas) ¿Hasta dónde la palabra “autor” es aplicable a un historietista? ¿Cuándo un dibujante o un guionista se convierte en “autor”? ¿Es su obra, un trabajo que en su conjunto reúna los requisitos para considerarle la propiedad o integridad autoral de una persona? ¿Cuáles son los requisitos? Y mil cuestiones más que generaban más dudas a medida que avanzaba en mi búsqueda. ¿Yo quería ser un autor?

A mis once años ya sabía que quería hacer historietas. Llevaba tiempo dibujando (como todo niño) pero el dibujo no representaba un gran interés para mí. De hecho odiaba dibujar, me molestaba que mi repentino interés por las historietas hiciera que la gente pensara que yo era un gran dibujante, cuándo solamente, me limitaba a copiar lo que me gustaba. Sin embargo, La gente que conocía (por aquel entonces, iban y venían muchas caras por mi casa) se maravillaba ante cada nueva proeza gráfica mía (que como ya dije eran meras copias de otros dibujos que veía). Ese reconocimiento lo rechazaba constantemente porque yo creía para mis adentros, que en realidad no era un mérito mío el dibujo, sino del mismo autor, yo sólo era alguien que repetía el símbolo.

Para cuándo comencé a hacer mis propias creaciones, me di cuenta de que en realidad mis dibujos eran bastante pobres. Mis limitadísimos conocimientos de perspectiva y proporción a los once años no ayudaban en nada, mis únicos profesores eran las viejas revistas que compraba (como las Skorpio) y los pocos momentos en que mis padres me prestaban atención no servían de mucho, me decían que lo que yo hacía estaba “muy bien” y listo. Pero me daba cuenta de que estaba mal, de que mi dibujo no mejoraba y que a diferencia de las copias, mis propias creaciones no les gustaban a mis invitados. Era muy exigente conmigo mismo (lo sigo siendo) y no lograba crear algo que le llame la atención a los demás. Creía que la historieta era un medio que sólo funcionaba, si se vendía y tenía un público conforme. El público, era para mí lo más importante.

Ante la desconformidad que sentía por el fracaso de mi trabajo, decidí que lo mejor era dejar el dibujo en segundo plano, quizá la escritura se me daba mejor, decidí que (al mismo tiempo que comprendía la expresión “guionista”) debía enfocarme en el texto. Ante todo, era un muy buen lector y por ende, sabía cómo encontrar la manera de escribir lo que me gustaba. Fueron mejores momentos para mi primerizo acercamiento a la historieta. A mis insipientes lectores (la gente a la que le mostraba mis cosas) les gustaba más. Pero, al público “joven” (mis compañeros de escuela) lo que yo hacía les parecía aburrido y pretensioso. Había fracasado otra vez, al no contentar a todo el público.

Ante toda nueva prueba y nuevo error, comprendí que en realidad “contentar” al público lector, era algo que no me gustaba en lo más mínimo, ya sea por el camino del guionista o del dibujante, trabajar en base a los gustos de todos, era forzar algo en mi interior que no quería. Comprendí que si quería seguir ese camino me convertiría en un pobre tipo que trabaja adaptándose a las “tendencias” o la “moda”, me tendría que convertir en una marca, en una industria, tendría que copiar descaradamente a los exitosos, tendría que imponer la marca sobre la obra. Me di cuenta de que si seguía ese camino me convertiría en Nik (Gaturro) o peor, en Liniers (Macanudo). Yo no quería eso.

En realidad, en este aspecto le debo bastante a Liniers (a pesar de que deteste su “obra”). Por aquel entonces, macanudo entraba en su momento top. Todo el mundo empezaba a leer o a consumir las tiras de Liniers y por supuesto comenzaban las odiosas comparaciones o recomendaciones conmigo “Tendrías que hacer como este chico”, “Deberías leer Macanudo” o “Hace humor como el de Macanudo”. Me acuerdo que me tomé el tiempo de ir a una librería y leer todo lo que encontré de Liniers. No podía entender como algo tan estúpido tenía tanto éxito. No me gustaba ni su dibujo, ni…nada. Pero me llamaba la atención el margen de ventas que tenía este tipo, merchandising por todos lados, libros de “bocetos”, cuadernos de “viajes”, agendas, era increíble. Entonces, en mi afán de desprestigiar al creador de tal porquería (que encima aparecía en todos lados, tele, radio, revistas) investigué un poco más a fondo, sus influencias. Y vaya sorpresa, descubrir que en realidad, este tipo no hacía más que copiar o regurgitar otras obras que en el pasado habían sido tan exitosas como las de Bill Waterson o George Herriman. Liniers “adaptaba” o “modernizaba” (por decirlo de alguna manera) conceptos de otros verdaderos autores. Liniers, no era un autor para mí, sino una marca, para mí Liniers representaba todo lo que yo no quería hacer. Y en este sentido, fue que comprendí que significaba ser un autor. Pero aún faltaba la patada en la cabeza.


ACTO 2: HERE COMES THE SPIDERMAN

Metido de lleno en las historietas, comencé varios cursos de dibujo o (valga la redundancia) de comics que con el tiempo me llevaría a hacer muy buenos amigos y lograr mi primera publicación “profesional” a los 16 años. En mi búsqueda de ser un “verdadero autor” comprendí también que si quería hacer lo que yo quería tenía que saber manejarme en las cuestiones gráficas. Mis “Fanzines” (que en realidad eran comics de una carilla en hojas rayadas fotocopiadas) les gustaban a mis amigos y gente que conocía al paso, inclusive a mis profesores de secundaria a pesar de los insultos que escribía con tanta naturalidad (me acuerdo por ejemplo de una profesora que me corregía las historietas “pedaso de boludo, no se escribe así. Es Pedazo de Boludo) pero mis dibujos no eran del todo acorde. Mis profesores de dibujo y comics decían que tenía que aprender muchísimo más y que no me estancara con nada, porque eso no significaba tener “estilo” sino ser un cómodo. Me recomendaron leer mucho de muchos lados y prestar más atención a todo tipo y género de comics. Me decían esto porque yo creía por ejemplo, que los comics de superhéroes o el manga eran una porquería.

Entonces, me abarqué en la difícil tarea de abrir mis horizontes a otras cosas. Comencé con los superhéroes, porque era mucho más fácil de encontrar y porque tenía varios números de cosas muy distintas guardados o recortados por ahí que eran comprados con el vuelto de lo que me sobraba de las Skorpio. Es así, yo creía que las revistas de historieta, eran lo único bueno a tener en cuenta. Y entonces, leí cosas como Watchmen por ejemplo, que me volaron el mate. A partir de allí mi interés se acrecentó, pero ansioso como soy, quería leer todo de los superhéroes, desde el principio desde los números uno para no perderme ni un detalle de sus historias (que iluso que fui). Me acuerdo que por aquel entonces ya había empezado a hacer algunas changas para tener plata para pagar mis talleres. En dónde trabajaba, llevando y trayendo bidones de líquidos de limpieza, había una máquina de fotocopias e impresiones buenísima y que por alguna razón siempre estaba sin vigilancia a la vista, estaba abandonada y cargada de tinta y hojas. Obviamente como todo cristiano hubiese hecho en mi posición, me aproveché de la confianza de mis superiores y me puse a fotocopiar todas mis historietas, para repartir a todos los conocidos y en los momentos en los que alguien dejaba alguna computadora libre, imprimir todos los números uno (o primeras apariciones) de las historietas de superhéroes. Así conseguí mis copias “ilegales” de cosas como el Action Comics #1, el Detective Comics #27, El Journey into Mistery #83, el Fantastic Four #1 y la que más me gustaba, el Amazing Fantasy #15, la primera aparición de Spiderman.

Reproducción de Original.

Un año más tarde se estrenaría la película de Spiderman, y yo viendo los tráiler y ante la ansiedad de todos mis compañeros con la película, comencé una nueva cruzada con todo el mundo para que leyeran los comics antes de verla. De todos los superhéroes que había leído sin lugar a duda mi favorito era el hombre araña, había buenas historias, buenos dibujantes y a diferencia de todo el resto un avance claro en el desarrollo del personaje, Spiderman perdía seres queridos, tenía que trabajar, se casaba, etc. Sin  embargo lo que más me gustaba eran las primeras historias del personaje, en donde era un chico pobre, con más problemas en su vida “real” que en su oficio de superhéroe, es decir, todos conocemos las historias ¿Pero sabemos realmente a quién les pertenece?

Stan Lee, era un ídolo para mí primero por la cantidad de personajes que había creado y segundo, por esas historias que tanto me gustaban. Pero también lo eran John Romita y su antecesor Steve Ditko, que a pesar de tener una manera bastante extraña de dibujar me fascinaba su dibujo. Ya lo amaba por lo que había leído de Doctor Strange de él o por ser el tipo que había creado a los personajes de la Charlton en los que se basaba Watchmen, así que con lo de Spiderman se había convertido en un tipo al que debía prestarle atención. Hasta que un día, la revelación. Fue un profesor de dibujo (del que ahora no me puedo acordar el nombre) el que en una charla sobre Spiderman me dice “Pero ¿Vos sabías que en realidad Stan Lee no escribió todas las primeras historias de Spiderman? Fue Ditko, es más como no le dejaban hacer lo que quería, se fue de Marvel.”

Steve Ditko comienza a desarrollar su carrera en los cómics gracias a Jerry Robinson, uno de sus grandes ídolos, e influencia. Ditko, quién dibujaba comics para el periódico del ejército, se licencia del servicio y recibe una beca para veteranos por un año para la escuela “The Cartoonists and Illustrators School” de New york. Allí, Robinson quién dictaba clases descubre el talento de Ditko y le consigue una beca por un año más. Ditko, afirma que la experiencia cercana a su maestro le ayuda a mejorar muchísimo su estilo y lo ayuda a conseguir más adelante trabajos más profesionales.

Reproducción.

Tras un breve período por los estudios de Joe Simon y Jack Kirby, Ditko comienza su primer gran trabajo de producción en la Charlton dónde realiza comics de ciencia ficción y terror en los que tiene una gran libertad creativa para trabajar, dado el apuro de la empresa por tener bastante producción, y por ende no reparar en detalles como por ejemplo en la manera en la que trabaja cada dibujante. Tras enfermar de tuberculosis Ditko debe abandonar los comics por un tiempo y  a su regreso no puede reactivar su trabajo en la Charlton porque esta se encuentra en un parate tras inundaciones y pérdidas en sus oficinas. Entonces, Ditko recurre a la compañía Atlas (Marvel) que lo contrata por un tiempo hasta que Martin Goodman, el cabecilla de la empresa es investigado por conexiones mafiosas y es obligado a restringir sus publicaciones, con lo cual despide  a todo el equipo creativo de Atlas a excepción de un tal Stanley Lieber, marido de su sobrina. Con la Charlton ya recuperada, Ditko vuelve a la empresa y comienza una época de producción importantísima y de mucha calidad a diferencia de sus compañeros, Ditko empieza a realzar su trabajo entre otros. Así en 1958, recibe la llamada de Stanley Lieber (que firma sus comics como Stan Lee) que está tratando de reflotar Atlas y quiere lanzar comics más interesantes con él y con Jack Kirby como cabecillas importantes. Ditko, que es FreeLance, acepta la propuesta por el dinero (con un precio de página mayor al que cobraba en aquel entonces), pero continúa su trabajo en la Charlton. En Atlas, Ditko comienza colaborando en la revista “Amazing Adventures” junto a Kirby, para después al pasar los números convertirse en el dibujante único de la colección (que cambiaría su nombre a “Amazing Adult Fantasy”, y finalmente a “Amazing Fantasy”). Narrativamente Ditko experimenta y trabaja conceptos y formas muy interesantes en estos comics, que ante su poca venta sería cancelado en su número quince.

Una de las poquísimas fotos que se tiene de Ditko.

Durante esta época Ditko hace suyos los principios del objetivismo (del cual no escribiré aquí porque me es relevante, pero recomiendo echar un vistazo en Wikipedia) principios que determinarían de allí en más toda su obra, vida y carrera.

Con la finalización de “Amazing Fantasy” en su número quince, Stan Lee, quién estaba teniendo mucho éxito junto con Kirby en la creación de superhéroes, decide presentar un nuevo personaje. Para ello bajo los bocetos y diseños de Kirby, le encarga a Ditko que realice la historieta. Ditko, desconoce los diseños de Kirby y fiel a su costumbre reformula todo el trabajo gráfico él solo. A pesar de no estar contento con el resultado final, Goodman y Lee publican la revista y el personaje se convierte en un éxito. Es el momento clave en la carrera de Ditko, el mejor momento, el que lo realza al panteón de autores prestigiosos, pero este genial principio sería también el final de su carrera de éxito. Spiderman, es el personaje en el que Ditko demostraría que él realmente, iba en serio. Lee se acreditó todo lo relacionado con Spiderman durante años, hasta que en 1998 ante las quejas  y cartas de Ditko (que lo estaban haciendo quedar muy mal) le acreditó la co-creación del personaje, cuestión que no conformó a Ditko, pero que lo mantuvo al margen, distanciado desde entonces para siempre con Lee aunque convengamos, la relación entre ambos, jamás fue muy buena. Mientras que Lee y Goodman querían un superhéroe que tuviera diversas aventuras cargadas de acción, Ditko prefería indagar más en la vida de Peter Parker. Y eso suponía encontronazos entre ambos autores.

Otro Original.

Mediante el método Marvel, Lee llevaba una sinopsis a Ditko quien en base a ella dibujaba una historieta completa a la que después completaba con diálogos y cartuchos de texto el “guionista”. Al pasar los números y ante el gran talento de Ditko, le otorgaron el poder absoluto de las historias, que después Lee sólo dialogaba. Así, el dibujante pasó a figurar en los títulos también como “Plotter” cuestión que fastidiaba mucho a Ditko que quería un completo control y libertad en su trabajo. Así que Ditko, se cagaba en muchas de las cosas que pretendía Lee y este a la vez, agregaba diálogos que no iban de acuerdo a la historia, generando errores de continuidad y situaciones un tanto extrañas. Goodman además le obligaba a Ditko a hacer cambios en las historias que éste, sumado a que no le acababan de pagar lo que le correspondía ignoraba por completo fiel a su postura de no tocar su trabajo. Ditko, veía que su talento y sus ideas se dejaban cada vez más de lado y firme a sus principios finalmente abandona la serie a partir del número 38. A partir de allí Ditko, probaría suerte en DC, en la Warren, en Charlton (donde crearía Mr. A), un breve período en la Marvel de los 80´s, en publicaciones independientes como la Witzend de Wally Wood y hasta en algunos fanzines con los que rompería lazos ante sus mediocres producciones y reconocimiento. Finalmente Ditko, habiendo explorado todos los formatos decide quedarse con lo independiente y de esta manera a partir de los 90´s autoeditar y reeditar junto a Robin Snyder todo su material. A Ditko se lo acusó de ser un tipo muy difícil de tratar (no ha dado entrevistas, ni se conoce una foto de él desde 1968), se lo llamó “panfletario” por sus historietas Mr. A y algunas más recientes pero a pesar de todo es uno de los más respetados autores norteamericanos que existen (y viven) hoy en día. Su trabajo ha inspirado a miles que quizá no compartan su misma ideología, o principios, pero que sin lugar a duda lo tienen en un podio.

El polémico Mr. A. Alan Moore hasta le escribió una canción.

En mi caso particular, descubrir todo lo que rodeaba a esos primeros números de Spiderman, hizo que también me diera cuenta de algo importantísimo mediante la figura de Ditko: ser un autor no sólo implica hacer lo que nos gusta, implica también creer en lo que hacemos y tomarnos a nosotros mismos en serio. Ditko, el cascarrabias, el rebelde, el derechista, el individualista, el objetivista, al día de hoy todavía tiene muchísimo que enseñarnos, más allá de su dibujo o excelente narración. Ditko nos enseña (me enseña) al día de hoy, cuarenta años después, a tener principios, a creer en lo que hacemos. Podemos acusarlo de lo que se nos cante, pero Ditko es sin lugar a duda un autor definitivo.


ACTO 3: UNA VIDA ERRANTE

Años más tarde ya sumergido de lleno en todas estas cuestiones sobre la autoría, y con Ditko como referente, mandé a cagar a todos y me puse de lleno a hacer lo yo quería bajo mis pautas y mis principios. Así descubrí las maravillas de la autoedición y la importancia de la constancia entre otras cosas. También me metí de lleno a indagar en todos aquellos aspectos en los que yo creía necesario prestar una cuidada atención, la narración, el entintado, etc. La base y las herramientas ya las tenía listas, inclusive tenía unas intenciones claras acerca de lo que quería hacer, los Hernández me habían abierto el camino hacia lo que quería contar. Con todos los recursos y autores que necesitaba en la mano, pensé que ya no quedaba nada nuevo por descubrir o por reconocer, de alguna manera todos los autores venían del mismo sitio. Que tonto fui, siempre, todos los días se aprende algo nuevo.

Mis profesores de dibujo e historieta decían que yo avanzaba muy bien y que tenía muy buenas ideas, pero que debía leer más. Mis compañeros, me decían que le prestara atención al manga, algo a lo que desistía siempre. El único manga que conocía, era de lejos Dragonball y la verdad que a esas alturas no me emocionaba en lo más mínimo, prefería mis revistas Skorpio y el víbora o mis recientes descubrimientos en los comics de superhéroes. Un día, ante mi ignorancia le pregunté a un compañero que leía mucho manga por dónde debería comenzar, él me recomendó “algo de Tezuka”.  Descubrir a Tezuka siempre es mágico, y a partir de él descubrir todo un universo extensísimo y espectacular como lo es el manga, es doblemente mágico. Me gustó tanto lo que vi, la forma de contar las historias, la unión de símbolos, texto y dibujo que quería hacer manga, todo manga, los mejores historietistas del mundo.

Pero yo ya iba por otro lado, y volverme mangaka no era opción a esas instancias. Sin embargo aprendí tantas cosas y recursos, que siempre que puedo me paso unos días poniéndome al corriente. Aun así, en mis primeras investigaciones descubrí que el manga que estaba de “moda” no era precisamente el interesante. Comprendí la importancia de reconocer los géneros y cuáles eran los que más me gustaban. Descubrí también lo erróneo de pensar que todo el manga que yo veía en los negocios o por mis compañeros, el comercial digamos, era el manga en sí. Así comencé otra cruzada para que los lectores de manga que yo conocía leyeran otros géneros y autores, pero fallé, los “otakus” que conocí son muy cerrados en cuanto a sus gustos, muy distintos a los originales del oriente. Sin embargo, seguía diciendo “miren este autor, tiene una historia buenísima” y así sin quererlo llegué a Tatsumi. Antes inclusive de ser publicado en Drawn & Quartelly gracias a Adrian Tomine, Tatsumi ya había sido publicado en la revista el Víbora, una de mis favoritas, casi treinta años atrás.

El Joven Tatsumi.

Entre todo el material Under y alternativo de todo el mundo que pululaba en la revista el Víbora, el de Tatsumi era el único de Japón, el único manga y al igual que el resto del contenido de la revista me encantaba, pero no tenía ni idea (ni me importaba) que era de Japón. En mi repentino interés del manga y sus géneros encontré a Tatsumi nombrado entre uno de los nombres más importantes y eso me recordó que algo había visto de él. Cuando reabrí la revista en dónde se había publicado “Goodbye”, era como si toda la vida me hubiera estado esperando ahí.


Yoshihiro Tatsumi comenzó a muy temprana edad a interesarse por el manga. En sus años de escuela primaria enviaba páginas de humor de 4 viñetas (muy populares en aquel entonces) a las revistas de manga que, debido a la poca estabilidad económica de un Japón post-segunda guerra mundial, se conseguían mayoritariamente en tiendas de alquiler. Gracias a  su insistencia logró finalmente publicar su trabajo encontrándose ya en la escuela secundaria, que pagaba con el dinero que recibía de sus publicaciones. Tatsumi produjo mucho material humorístico y para niños en esos años (material que era el manga en sí mismo) hasta que en los 60’s descubrió que ese material no lo representaba. Tatsumi y un grupo de amigos (entre los que se encuentra por ejemplo Takao Saito) decidieron mudarse de su natal Osaka a un estudio en Tokio, para aprovechar el buen momento que vivía el país y conseguir un dinero más. A pesar de ese buen momento económico que vivía Japón (que comenzaba a convertirse en potencia) Tatsumi notó que a su alrededor la gente continuaba pobre y aún herida por las guerras; Tatsumi llevó este sentimiento y sensación de las personas con las que convivía a sus páginas y creó un nuevo tipo de estilo para diferenciar su trabajo del manga común: el Gekiga (imágenes dramáticas) seria adoptado por sus compañeros y convertido en una manera de hacer manga que influenciaría a miles y miles de autores de Japón y el mundo. El Gekiga antes de tener su nombre característico, fue muy mal recibido, acusado de tener altas dosis de dramatismo, sexo y muerte al alcance de los niños, que al fin y al cabo eran quienes consumían manga. Luego Tatsumi le otorgó el nombre y con eso (y un manifiesto repartido por todas las editoriales más importantes) logró imponer el sello en la historieta Japonesa, un sello que con el tiempo se mezclaría con el Manga al punto de ya no poder diferenciarlos, el manga se convirtió en Gekiga y el Gekiga en el manga. Fue tan influyente que inclusive cambio bastante la manera de hacer comics de un autor tan importante como Ozamu Tezuka, quién al principio renegaba mucho sobre el Gekiga, hasta que al final (en sus mejores trabajos diría yo) fue claramente influenciado y lo adoptó como una herramienta más en su increíble laburo. Es quizás la historia de un ida y vuelta, Tezuka fue la gran influencia de Tatsumi, quién desde niño tuvo la oportunidad de conocerlo.



Si, probablemente Tatsumi siempre me estuvo esperando en esas páginas del Víbora. Al descubrir su extensísima obra, pude finalmente comprender lo que significaba hacer lo que nos gusta, lo que significaba ser un autor más allá de nuestros principios (mediante el colador Ditko), ser un autor significa sacrificio. Tatsumi fue pobre unas ¾ partes de su vida hasta que consiguió un éxito considerable, pero aun así se dio el gusto de hacer lo que quería, lo que le gustaba, lo que le representaba, lo que sentía. Las historias de Tatsumi siempre saben a actuales, él lo sabía, supo estrujar los sentimientos y las experiencias de cada época en la que vivió. Sus personajes son lo más humano que existe y sus argumentos también: todos viven una vida de letargo, de paso hasta que una situación los pone en jaque y deben explotar, sentir, vivir una nueva experiencia que los cambie o los condene para siempre, aunque ojo, para algunos las cosas sin embargo seguirán iguales, después de todo, el corazón humano es un misterio impagable. Tatsumi significó mucho para mí a partir de la lectura de su material, yo estaba buscando hacer algo similar y pude lograrlo prestando atención al Sensei.



ACTO FINAL: HONOR

Y así finalmente llego al final de este ensayo, con este título en particular la que me referiré a continuación. ¿Por qué honor? Mi trabajo quedó marcado a través de todos los autores que pude nombrar en estos siete puntos, de manera directa o indirecta aprendí de cada uno de ellos muchísimo, aprendí a ser un autor (o al menos eso significa para mí). La gente que me lee o que alguna vez me ha comprado una historieta puede dar fe, de lo que estoy diciendo, jamás he hecho algo que no me guste o que no se aplique a mis principios y manera de hacer las cosas y siempre, todos los días trato de mejorar mi trabajo. Honor significa saber reconocer a los demás, y a uno mismo. Un autor sin honor no es un autor respetable. Por eso con este ensayo he tratado de reconocer a todos aquellos autores que han sido una gran influencia para mí. Porque como digo siempre, nadie es totalmente autodidacta y todos los días aprendemos algo nuevo. El camino siempre continúa.


Además de todas las obras y autores que he nombrado hay algunas que no puedo dejar pasar por tener para mí, alguna importancia influyente en mi trabajo. Estos son (algunas nomás) de las historietas a las que recurro cuando me surge alguna duda sobre mi trabajo.


·         Metalzoic – Kevin O’Neill.
·         Hunger Dogs – Jack Kirby.
·         Uncanny X-Men – Chris Claremont, John Byrne & Terry Austin.
·         Congress of the Animals / Fran – Jim Woodring.
·         Hate – Peter Bagge.
·         Una Vida Errante – Yoshihiro Tatsumi.
·         Alack Sinner – José Muñoz & Carlos Sampayo
·         Batman: Mad Love – Bruce Timm & Paul Dini.
·         Teenage Mutant Ninja Turtles – Kevin Eastman & Peter Laird.
·         Lowlife – Ivan Brun.
·         Cadillacs & Dinosaurs – Mark Schultz.
·         Boulevard of Broken Dreams – Kim Deitch.
·         Stray Bullets – David Lapham.
·         Lovecraft’s Haunt of Horror – Richard Corben.
·         The Essential Calvin & Hobbes – Bill Waterson.
·         Como un Guante de Seda Forjado en Hierro – Daniel Clowes.
·         Cromwell Stone – Andreas.
·         Negro Oscuro – Michel Pirus & Victor Mezzo.
·         Atmósfera Cero – Jim Steranko.
·         Powerhouse Pepper – Basil Wolverton.
·         Failure – Karl Stevens.
·         Sshhhh! – Jason.
·         Our Love Story – John Romita Sr.
·         Mr. Natural – Robert Crumb.
·         Cages – Dave McKean.
·         Scrublands – Joe Daly.
·         El Héroe – David Rubín.
·         Aama – Frederik Peeters.


También comparto los links de los sitios o notas que me han ayudado a completar la información de este ensayo.


·         http://michelfiffe.com/?p=145


Y para finalizar, la referencia máxima, la influencia final. Ésta página.


 ¡Hagan historietas!